miércoles 25 de febrero de 2009

la herida

Una vez sentí que la vida me sonreía en todos sus ámbitos. Había logrado el trabajo que tantos años de preparación me había costado, con la resultante independencia económica y una estable vida familiar. Inconformista como soy me lancé a otra oposición con el afán de mejorar mis expectativas de trabajo y dejar atrás un municipio en el que no me sentía nada cómodo. Todo marchaba como ni siquiera en mis sueños había planeado.
Confiando en que la diosa de la fortuna caminaba de mi mano me aventuré un día a con un negocio. El mundo de las motos que tanto me atrae y que tanto llena mi forma de ser, sería el lugar elegido para apostar unos ahorros, mi trabajo y mis ilusiones. De paso aposté una amistad, una de esas que pensamos que son inquebrantables y tan duraderas como la propia vida. Sin embargo, la apuesta no fue bien. La amistad aquella no soportó el primer embiste de ese elemento putrefactor de conciencias que es el dinero y el paso de algunos meses hicieron que tanto amistad como negocio fueran en picado.
De repente aquella esperanza, esa “puta que viste de verde” en versos de Sabina, me abandonó a mi suerte. Los sueños y las ilusiones de construir un futuro mejor para mi familia y de conseguir un éxito en un ámbito hasta ahora desconocido se desvanecieron como una niebla de verano. Todo se truncó por diversas circunstancias pero especialmente por la avaricia, la codicia y la nula conciencia de quien se llamaba “amigo”.
Vinieron luego meses de rabia e impotencia, meses de lucha contra bancos que reclamaban el alto precio de lo debido. Mientras el “amigo” desapareció dejando atrás un rastro de impagos, de objetos y bienes sustraídos. Mi carácter se fue agriando a medida que los problemas fueron elevando el grado de importancia, a cada acto que aumentaba mi indignación contra el traidor. Algunos de aquellos que se arremolinaban a mi alrededor en los momentos buenos abandonaron pronto el lugar, la pestilencia del cadáver alejaba incluso a las peores alimañas. Tan sólo unos pocos permanecieron a mi lado esperando un tiempo mejor en el que ni yo mismo confiaba.
Me sentía solo incluso cuando estaba acompañado y tan sólo presencia de Nauzet era motivo de alegría para mi. Alegría entremezclada con un sentimiento perpetuo de culpa y frustración por haber depositado parte de su futuro en la confianza a una persona que resultó no ser digna de confianza alguna. El paso del tiempo parecía eterno, las semanas se hacen meses cuando la vida no pinta de buen color. Cada paso para intentar salir del atolladero parecía resultar acompañado de varios pasos hacía atrás.
Por si la vida aún tuviera guardado más dolor que dedicarme, mi viejo perdió el partido que contra la enfermedad disputaba cada día desde hacía casi tres años. El perdió el partido y todos lo perdimos a él para siempre.
Todo se volvía oscuro cada vez que la luz intentaba iluminar. En ocasiones cualquier atisbo de mejoría era un momento para despertar esperanza solucionar el embrollo mayúsculo en el que había caído. Abogados, juzgados, denuncias y bancos copaban mi vida en una noria que giraba siempre en mi contra y de la que no encontraba forma de apearme.
La fortuna de disponer de un trabajo sólido evitó que mi situación siendo grave y preocupante acabara por ser caótica. Ese mismo trabajo, al que debo todo, me facilitó las formas para salir de los momentos de angustia económica y darme finalmente una solución para librarme del peso de las deudas que aquel “amigo” dejó tras su marcha a no sé sabe bien dónde.
Hoy ese indigno traidor sigue perdido, demostrando a cada día que pasa lo miserable de su existencia, viviendo escondido como una cobarde rata y ajeno a las responsabilidades que como hombre debería haber asumido. Yo, con mi trabajo y mi esfuerzo, he conseguido librarme del yugo económico al que me sometió, liberado del peso de la incertidumbre, orgulloso de haber actuado siempre de forma correcta y empecinado ahora en la venganza judicial como forma de reparar lo perdido.Cursiva
A mi lado siguen los que más me han demostrado, aquellos que sin han sido amigos de verdad, quienes confiaron más en mi que yo mismo en mis posibilidades para salir de la mierda que me ahogaba por doquier. Aceptaron mi ya complejo carácter cuando ni yo mismo alcanzaba a soportarme en un acto de solidaridad y aprecio que jamás podré devolver.
Y cuando la luz del fondo del túnel no era más que un débil e inconstante halo apareció ella para convertirte en la clara luz que ilumina mi vida, desbocando mi corazón con sentimientos que creía perdidos. Involucrada en mi vida para hacer de mi alguien mejor y para darme todo lo que anhelaba y soñaba. Diría el genio de Fito Páez: “yo no buscaba a nadie y te ví” y así me siento.... descubridor de tesoros escondidos.
Vivo con el pensamiento de que me queda por delante lo mejor de mi vida, esperando que el tiempo me devuelva lo material perdido pero seguro que he ganado como persona más de lo que perdí como empresario. Te espero aquí, mi amor, para que seas a mi lado, testigo de los años que vienen.
.....a Nauzet y Hugo por ser motivo de mi vida.
.....a mi amor Noemi por devolverme a la felicidad.
.....a mi amigo y compañero Moisés por soportarme 8 horas cada día.
.....a mis amigos Jesús, Jonathan y Leo por haber estado siempre a mi lado.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

OLE!!!!!!No puedo menos que aplaudir semejante ejercicio de autosuperación y felicitarte por este acto de reconocimiento. Guarda a esos amigos como si fueran oro y trátalos como tal (no dudo que ya lo hagas).
Enhorabuena por tu 'recuperación' y tu resurgir a la vida