miércoles, 28 de enero de 2009

en qué creen los que no creen?

En una sociedad acostumbrada a adcribirse en bandos en todos los ámbitos de la vida, muchos se sorprenden cuando te identificas como ateo, como si fuera extraño que una persona pudiera vivir sin la creencia en una divinidad sea cual sea la forma en que esta se represente.
La pregunta suele ser "¿en algo creerás?". Hoy me han vuelto a hacer esta pregunta y me ha hecho reflexionar en qué modo puedo explicar en qué creen los que no creen. Reconozco aquellos que mantienen creencias religiosas lo tienen más sencillo. La Historia les avala con imágenes, con suntuosos edificios, festividades varias y con toda una parafernalia e iconografía que se escapa del mundo de los ateos.
Ser ateo parte de una negación, de la no creencia en algo que resulta casi vital para la mayoría de personas. Así que muchos consideran que sino crees en una religiosidad es como si casi no existieras. Como sino existiera nadie al margen de esas mayorías excluyentes que discriminan e imponen unos pensamientos dogmáticos sin base alguna para su sustentación científica.
Mientras entrenaba esta tarde, con la música de U2 a todo volumen en mi iPod, he intentado repasar aquellas cosas en las que creo hasta construir una lista interminable de motivos para creer para un ateo.
He pensado que cuando la vida pinta mal la mayoría busca consuelo en lo supraterrenal, buscamos fuera de este mundo soluciones para lo que en él nos sucede, abandonamos las personas que nos rodean para buscar cobijo en un ente que no existe más que en nuestra mente inculcado a fuego por cientos de años de imposición hasta convertirse en una parte más de nuestra genética. Así lo transmitimos a los nuestros desde el mismo momento en que nacen para continuar con la creación de un mito religioso sea cual sea su forma o representación.
Sin embargo yo, ateo confeso, busco el calor de los mios, la proximidad de quienes me aman, la luz del día, los detalles de todo aquello que me es próximo cuando la vida se empeña en ponerm zancadillas. Apartado de esa sumisión que invade nuestro vocabulario para hacer de cada pequeño acto de nuestra existencia un "si dios quiere". Me resisto a creer en nada que pueda gobernar mi vida y tomar decisiones que no sea yo mismo sujeto tan sólo a las circunstancias que dicta la naturaleza.
Creo en la ciencia capaz de encontrar remedio para curar enfermedades, para descubrir mundos millones de kilómetros más allá de este planeta, para hilvanar la historia del ser humano desde sus más primitivos ancestros con una pequeña pieza ósea, para hacer nuestra vida cada vez más confortable, segura y digna.....Qué hubiera sido de todo esto en un mundo anclado en príncipios religiosos negadores de la actuación de la ciencia, perseguidores de todo aquel que ha aportado conocimiento y luz donde sólo había ignorancia y oscuridad?
Creo en la fuerza del amor de aquellos entregados a la labor por los demás enfrascados en mejorar la existencia de quienes parecerían hijos de un dios menor, abandonados a su suerte de miseria y ausencias. En aquellos que sacrifican su vida en beneficio de la de los demás.
En un mundo que se cae a pedazos sigo creyendo en las gentes de buena voluntad, en los luchadores por la libertad, los que asumen causas justas, los que se enfrentan a arpones por salvar la vida de una ballena, quienes a través de las letras, la música o la pintura nos transmiten belleza....
Creo en cada piedra palestina lanzada contra la coraza metálica del imperio de Sion, creo en cada palabra de Martin Luther King, creo en el Che arengando al pueblo cubano , creo en cada miliciano republicano que luchó por mantener los principios en que creía, en cada desaparecido por su ideología en cualquier lugar del mundo, en las mujeres de Juárez, en el semblante del Subcomandante Marcos, en las manos de Teresa de Calcuta, en la mirada de los niños bajo el fuego de Bagdad, en cada persona que no puede expresar sus creencias e ideología de forma libre como yo puedo hacer en este humilde espacio virtual.
Se podría concluir que en el fondo soy "creyente".

viernes, 9 de enero de 2009

Cuando la barbarie no tiene fin.

Llevo algunos días intentando sentarme ante el ordenador para escribir sobre la barbarie que en estos momentos vive el pueblo Palestino en Gaza pero me cuesta, me cuesta mucho. Me supone un esfuerzo vencer el odio, el rencor, la indignación, el asco y la repulsa que siento cada vez que veo imágenes sobre esto que algunos califican de "conflicto" y que para mi me no´es más que un genocidio.

Israel es un Estado creado por las Naciones Unidas en el año 1948 en territorio colonizado por Gran Bretaña, reconociendo un "derecho" basado en principios religiosos con más de dos mil años de antigüedad. La comunidad internacional reconoció el derecho del pueblo hebreo a asentarse en un territorio que, según sus mitos religiosos, era la "tierra prometida".

Principio absurdo de las religiones proselitistas autoconsideradas portadoras de verdades divinas, de derechos sobre personas y sobre pueblos enteros, portadora de un mensaje que los hace superiores con respecto a sus iguales. A partir de ese punto todo vale. Bastará con que la propaganda se encamine a deshumanizar al diferente. Le restaremos todo aquello que los asemeja a nosotros para que cualquier ataque quede justificado, minimizado en sus consecuencia, relativizado su drama.


Esta ha sido la política de Israel, con el inestimable apoyo de los Estados Unidos y Gran Bretaña, durante sesenta años. Han encaminado su propaganda a convertir a los palestinos en algo no humano, a condenado a un pueblo a ser calificado como terrorista, a acusado a padres a dejar morir a sus hijos por una causa fanática. Mientras la Europa continental calla, enreverada en una diplomacia enferma de inoperancia, falta de ningún tipo de valor ni acción para actuar ni lejos ni cerca de sus fronteras y donde su cabeza principal, Alemania, debe callar como perpetua condena de sus pecados.


Activadas todas las teclas necesarias Israel tiene el poder para hacer a su antojo en Gaza contra la población palestina. Ha convertido esta franja de territorio, infestada de personas, en un inmenso campo de concentración donde viven hacinados más de un millón y medio de seres humanos privados de los más elementales servicios, de las más primarias necesidades y a los que se niega incluso la aportación del exterior. Una cárcel a cielo abierto de la que es imposible entrar y salir para personas, bienes y productos. Israel, con la pasiva permisividad del mundo, ha creado un Auswitzch en Gaza...ha convertido edificado su propio ghetto de Varsovia en que cada noche es la "noche de los cristales rotos".





Gaza bajo la lluvía de las bombas de Israel, lanzadas contra todo aquello que encuentran a su paso. Bombas de fósforo y de fragmentación para causar el mayor daño posible, para sembrar terror en cada rincón de la Gaza donde nadie pueda estar a salvo de una muerte segura. Este es el nuevo Holocausto del siglo XXI.

Cometido contra un pueblo acostumbrado desde hace tiempo a sufrir la crueldad malsana de los fanáticos dirigentes de Israel. Nada queda a escape de la sinrazón y la barbarie de un Estado terrorista, escuelas, hospitales, niños, mujeres, ancianos indefensos....todos son potenciales víctimas en esta demostración de inhumanidad de Israel. Otrora víctimas hoy convertidos en implacables verdugos mientras el mundo mira hacía otro lado..



Resulta paradójico, una burla a la Historia, asistir a este dantesco espectáculo de sangre y muerte cometido por un Estado que practica el terrorismo como forma de solucionar sus problemas mientras se invaden otros países con excusa de su apoyo al terrorismo internacional. Extravagante ver a la prensa católica y de derechas, aquella que hizo de "sionistas y masones" la justificación de todos los males envuelta en la estrella de David, legitimando el genocidio de todo un pueblo. clamando al odio contra todo lo que respire Islam, colocando cohetes en las azoteas de edficios de la ONU con tal de hacer bueno el asesinato premeditado de más de cuarenta niños indefensos. Aquellos, cuyos abuelos, se alistaron en la División Azul, hoy son bandera del sionismo, cruzados cambiados de bando en la defensa de los "santos lugares".

Mientras el odio y el fanatismo se sigue alimentando porque Israel necesita justificarse, ávido por sufrir ataques que legitimen ante el mundo su saña y su crueldad...cualquier piedra lanzada por un palestino servirá de excusa para lanzar misiles contra su barrio, para arrasar su casa con las excavadoras y para cerrar más aún el cerco sobre el campo de concentración palestino. Israel y su política de exterminio ponen en peligro la seguridad del mundo, crean mayor inestabilidad en una región del mundo en que no se vive en paz desde hace décadas y alimenta acciones violentas contra si mismo y contra terceros. ¿Cómo impedir que quienes sufren esta masacre hoy no se alcen en armas mañana contra su agresor? ¿Cómo impedir que se actúe vengativamente contra quien aplica impunemente el "ojo por ojo" como forma de respuesta?

Sólo resaltar un gesto, el Presidente Hugo Chávez, en un gesto de dignidad ha expulsado al embajador de Israel de suelo venezolano. Aquel que sufre de mil calificativos desde el exterior, enemigo acérrimo de Bush y su política de destrucción...ha sido el único que ha mantenido el pulso firme y no ha actuado con hipocresia para expresar, como tantas veces, una verdad que ofende la pasividad del mundo entero.


Faltan apenas díez días para que Barack Obama tome las riendas de la presidencia de los Estados Unidos....otra ilusión más que echar en el saco de las esperanzas que porta sobre su espaldas. Quizás nunca se esperó tanto de nadie sin apenas llegar. Por el bien de muchos deseo que Obama tarde mucho, mucho tiempo en robarnos esa esperanza que significa.